En Chile, la evolución de la empleabilidad femenina no avanza de forma uniforme: la trayectoria depende del ingreso, la educación y la carga de cuidados no remunerados. Un estudio de la fundación ChileMujeres, elaborado con la colaboración de Cristóbal Heneeus/Unholster y presentado como insumo para la agenda pública, ofrece una lectura contundente sobre las brechas que persisten entre las mujeres de distintos niveles de ingresos y educación, y cómo estas diferencias han condicionado el ritmo de mejora entre 2015 y 2025.

Puntos clave para entender la realidad actual
– Desigualdad por ingresos: la participación laboral y el empleo formal de las mujeres aumenta con el quintil de ingresos. Las mujeres del quintil más bajo se quedan muy por detrás de las del quintil más alto, con diferencias que se mueven en decenas de puntos porcentuales.
– Estabilidad y educación: el nivel educativo impacta fuertemente en la empleabilidad formal. Las mujeres con educación básica tienen tasas de empleo formal alrededor de 18%; las que poseen educación media muestran una leve caída (de 35,1% en 2015 a 33,6% en 2025); las que alcanzan educación superior aumentan su empleo formal (de 52,5% a 56,8%) en el mismo periodo.
– Ritmo de avance desigual: entre 2015 y 2025, las mejoras en la empleabilidad formal fueron hasta tres veces mayores para las mujeres de quintiles altos que para las del quintil más bajo, evidenciando que la recuperación no ha sido equitativa.
– Factores explicativos: la brecha se sostiene por un conjunto de factores interrelacionados —menor nivel educativo, mayor informalidad laboral, altas tasas de desempleo en los quintiles bajos y, de forma decisiva, la carga no remunerada del cuidado en el hogar.
– Implicaciones para la política pública: la inclusión laboral femenina es clave para el crecimiento económico, y el estudio propone que sirva como hoja de ruta para orientar políticas públicas en el próximo ciclo gubernamental.

Desigualdad de partida: brechas por quintil de ingresos
El análisis muestra que la participación y el empleo formal de las mujeres no crecen de forma homogénea a medida que aumenta el ingreso familiar. Las diferencias entre el quintil más alto y el más bajo se mantienen significativas, lo que indica que las políticas y la recuperación económica no han beneficiado de manera equitativa a todas las mujeres. Este desequilibrio estructural sugiere que medidas focalizadas son necesarias para cerrar la brecha y evitar que los beneficios de la movilidad laboral se concentren solo en segmentos más acomodados.

Educación y empleo formal: un mapa por nivel educativo
El estudio desglosa la relación entre educación y empleo formal de manera clara:
– Educación básica: aproximadamente 18% de las mujeres con educación básica están empleadas formalmente.
– Educación media: la tasa de empleo formal se mantiene relativamente alta pero sufre una caída leve (de 35,1% en 2015 a 33,6% en 2025), lo que indica que la mayor demanda educativa por sí sola no garantiza mejores resultados si no van acompañadas de políticas de apoyo y formalización.
– Educación superior: se observa un fortalecimiento en la empleabilidad formal, con un incremento de 52,5% a 56,8% entre 2015 y 2025.

Ritmo de avance: qué nos dice la década
La década analizada evidencia un progreso desigual entre grupos. Las mejoras en la empleabilidad formal para las mujeres del quintil más bajo son significativamente menores que las registradas entre las mujeres de quintiles más altos. Este patrón de progreso desigual sugiere que las políticas de inclusión y de recuperación económica deben ser más selectivas y efectivas para las capas más vulnerables para evitar que la brecha se agrande.

Causas centrales de la brecha
– Nivel educativo insuficiente: el acceso previo y la calidad de la educación influyen directamente en la capacidad de participar y permanecer en el empleo formal.
– Mayor informalidad: una proporción mayor de mujeres en quintiles bajos se encuentra en empleos informales, lo que limita estabilidad, recaudación tributaria y acceso a beneficios.
– Desempleo más alto en los quintiles bajos: las tasas de desempleo elevadas en estas capas refuerzan la fragilidad de la participación laboral.
– Carga de cuidados no remunerados: las responsabilidades de cuidado en el hogar siguen pesando de forma desproporcionada sobre las mujeres, limitando su disponibilidad para trabajar y su progreso en el mercado formal.

Implicaciones para la política pública y el crecimiento económico
La inclusión laboral femenina no es solo una meta social: es un motor clave para el crecimiento económico del país. El informe enfatiza que, para avanzar de manera significativa, las políticas deben combinar:
– Medidas para aumentar la empleabilidad formal en grupos vulnerables, con incentivos y programas de capacitación orientados a sectores con mayor demanda.
– Mejora del acceso y la calidad educativa, para que las mujeres completen niveles educativos que mejoren sus posibilidades en el mercado laboral.
– Políticas de cuidado y conciliación que reduzcan la carga no remunerada y faciliten la participación laboral de las mujeres, especialmente en hogares con menores ingresos.

Notas sobre datos y próximos pasos
Este artículo sintetiza los hallazgos del informe Zoom de Género de ChileMujeres. Para revisar cifras detalladas, metodologías y series completas (2015–2025), conviene consultar el informe original. Si necesitas tablas específicas, números exactos por quintil y por nivel educativo o gráficos, puedo extraerlos y presentarlos de forma clara y lista para su uso.

En resumen, el estudio de ChileMujeres revela una realidad de progreso desigual: las mujeres de ingresos más bajos avanzan mucho menos en empleabilidad formal que las de ingresos altos, y ese desfase está fuertemente ligado a diferencias en educación y a la carga de cuidados. Reconocer estos determinantes y tratar de mitigarlos a través de políticas focalizadas podría impulsar una trayectoria más inclusiva y un crecimiento económico más sólido para Chile.

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