A cuatro años de la llegada de la pandemia, Chile muestra una señal clara de recuperación en su mercado laboral, especialmente en la formalización y en la participación laboral de las mujeres. Pero esa recuperación convive con desafíos persistentes: la creación de empleo va a un paso limitado, el desempleo permanece elevado y persisten brechas estructurales que afectan a jóvenes, mayores y a distintas regiones. Este artículo desglosa el panorama actual, sus signos de alerta y las rutas posibles para avanzar hacia empleos de mayor calidad y una apertura más amplia de oportunidades.

Panorama general: aprendizaje de un proceso complejo
El estudio SOS Group 2025 ofrece un balance mixto. En los años posteriores a la pandemia, se han generado más de 558 mil empleos, de los cuales el 88,5% son formales y el 57,9% corresponden a mujeres. El saldo neto respecto a la situación previa a la pandemia es positivo: +278 mil ocupados. Este avance está impulsado principalmente por una caída de la informalidad (-188 mil) y un aumento de la formalidad (+468 mil). Sin embargo, la ocupación no ha vuelto a los ritmos previos, la participación laboral se mantiene estancada y el desempleo persiste en niveles altos, con cerca de 889 mil desocupados y tasas que oscilan entre 8,9% y 12,4% según el indicador utilizado. Además, la desocupación prolongada afecta de forma desproporcionada a jóvenes, a personas de mayor edad, a mujeres y a ciertas regiones del país.

La creación de empleo continúa siendo insuficiente
Un indicador clave es la creación de empleo en el periodo reciente: en abril a junio de 2024-2025 se registraron apenas 141 nuevos puestos netos, la cifra más baja desde 2021. Para recuperar los niveles previos a la pandemia, haría falta sumar unos 364 mil empleos adicionales, lo que implicaría un crecimiento anual cercano al 3,5%, superior al ritmo actual. Este dato señala una desaceleración respecto a las metas de recuperación y subraya la necesidad de activar políticas más efectivas para estimular la contratación.

Brechas demográficas y de género: avances y pendientes
A pesar de avances notables, las brechas persisten. Hay esfuerzos claros por reducir la brecha de género, pero el desempleo femenino se mantiene elevado en torno al 14,1%. En cuanto a demografía, jóvenes, adultos mayores y personas con menor nivel educativo enfrentan mayores dificultades para insertarse en el mercado laboral. En términos de informalidad, el 25% de los ocupados en la economía general trabajan en la informalidad, con disparidades significativas: supera el 50% entre mayores de 65 años y llega a un 35% entre los jóvenes. Estas cifras revelan la desigualdad de acceso a empleos formales y de calidad, así como la fragilidad de la protección social para ciertos grupos.

Desafíos regionales: un mapa con luces y sombras
El panorama regional muestra que el desempleo no es homogéneo en todo el país. Al menos 10 regiones superan el umbral del 8% de desocupación, con Ñuble alcanzando 10,8%. En términos de empleo, hay signos de deterioro en algunas áreas urbanas clave: la Región Metropolitana registra una destrucción de empleos de alrededor de 21 mil puestos, al igual que la región de Los Lagos. Por otro lado, hay regiones que muestran crecimiento, como Arica y Parinacota (+2,5%) y Valparaíso (+1,1%). Este mosaico evidencia la necesidad de políticas diferenciales que acompañen las realidades y las potencialidades de cada territorio.

Perspectivas y señales de confianza: un clima con reservas
Indicadores como el Panel Laboral de la Universidad Andrés Bello (UNAB) reflejan un tono pesimista en junio de 2025. El índice agregado se mantiene alto en 44 puntos, limitado por la escasez de vacantes (42 puntos) y expectativas débiles respecto a la búsqueda de empleo. La estabilidad salarial aparece de forma moderada (52 puntos). En conjunto, estos signos sugieren que, aunque hay avances, la confianza de trabajadores y empleadores en el corto plazo no es robusta y que la creación de empleo de calidad sigue siendo un objetivo prioritario.

Recomendaciones para avanzar: hacia empleos de calidad y mayor formalidad
Si se quiere consolidar la mejora laboral y reducir las brechas, el estudio apunta hacia un conjunto de medidas estratégicas:

– Impulsar la inversión y la productividad: fomentar inversiones que generen oportunidades laborales sostenibles y con condiciones de empleo formales.
– Capacitación y reconversión de habilidades: ampliar programas de capacitación y actualización profesional, con foco en habilidades demandadas por el mercado, especialmente en sectores dinámicos y servicios de alto valor.
– Políticas de formalidad inclusivas: diseñar incentivos y marcos normativos que faciliten la contratación formal, con atención especial a mujeres, jóvenes y trabajadores de menor cualificación.
– Enfoque territorial: adaptar políticas a las realidades regionales, priorizando zonas con mayores brechas y orientando apoyos a sectores con potencial de crecimiento local.
– Empleos de calidad como eje: promover empleos que combinen estabilidad, remuneración adecuada y mejoras en condiciones laborales, para evitar el estancamiento en el empleo y la precariedad.

Ejemplos prácticos de implementación
– Programas de reconversión digital para jóvenes: alianzas entre universidades, empresas y municipios para ofrecer bootcamps y pasantías en áreas tecnológicas y de servicios digitales.
– Incentivos a la contratación formal en sectores estratégicos: apoyo financiero a empresas que formalicen contratos a largo plazo, acompañado de seguimiento y evaluación de impacto en productividad.
– Mallas de capacitación para mujeres en sectores con demanda: cursos y certificaciones alineadas con oportunidades en comercio, salud y servicios, con acompañamiento en inserción laboral y mentoría.
– Estrategias regionales de empleo: programas de desarrollo productivo local que conecten recursos regionales con empleos de calidad, por ejemplo en turismo sustentable, logística regional y servicios especializados.

Conclusión
La historia reciente del mercado laboral chileno refleja un avance real hacia una mayor formalidad y una participación más amplia, especialmente de las mujeres. Sin embargo, los signos de estancamiento en la creación de empleo, la persistencia de altas tasas de desempleo y las profundas brechas demográficas y regionales requieren respuestas coordinadas y estratégicas. Con políticas que impulsen inversión, formación y empleo de calidad, Chile puede avanzar hacia un mercado laboral más inclusivo, dinámico y resiliente, capaz de sostener la recuperación en el tiempo.

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